Posted by: pilarin28 | October 11, 2009

Las delicias del regateo

Una callecita, de las muchas que hay en el Zoco

Una callecita, de las muchas que hay en el Zoco

Regatear es una inesperada maravilla en la que mis primeros pasitos durante mi breve estancia en Marruecos. Aquí en los Estados Unidos nada o casi nada es negociable. Uno va a comprar algo, te dan un precio, lo pagas y te vas. El crédito lo hace todo más caro aún. Pero allá, si no regateas, es decir, si no negocias u ofreces un precio más bajo del que te dicen por cualquier producto, el comerciante se escandaliza, virtualmente te obliga a regatear, o lo hace él y no te deja ir hasta que te llevas el producto o simplemente te das la vuelta y caminas calle abajo, ignorando sus llamados de “último precio, por favor, cuál es su último precio…”.
El proceso de regatear es algo así como este gracioso video que encontré en internet

Mucha gente expresa sentirse incómoda en su viaje a Marruecos por el acoso de los vendedores en los zocos o mercados. En realidad, si uno se relaja y entra en onda, es sumamente divertido. Me molestaron más las motocicletas que van a toda velocidad por callecitas tan estrellas que apenas caben un par de peatones y que tocan incesantemente la corneta, que la insistencia de los vendedores.
En realidad, bien mirado, el tema de la compra y el regateo es como un pequeño drama que se repite cada vez que uno asoma la nariz o siquiera echa una ojeada – o también, a veces, cuando uno ni siquiera voltea a mirar y trata de escapar- a cualquier tiendita del enorme mercado que es la medina de Marrakesh.

Así es el ambiente en el zoco, día o noche.

Gracias a mi amigo Julián, que es un hábil hombre de negocios y maestro en esto del regateo, aprendí que hay actitudes imprescindibles para esto: no se puede tener o mostrar verguenza alguna a la hora de negociar y no hay que dejarse manipular emocionalmente por los comerciantes. Algunos te montan un pollo monumental, ponen mala cara, hacen como que se van a morir de hambre si aceptan lo que les ofreces, se enojan y sueltan alguna parrafada inextricable en árabe (aunque un comerciante nos contó que seguramente era porque fuimos en Ramadán y todos tenían hambre y ganas de fumar durante el día) y algunos lo toman con buen humor y simplemente siguen tratando hasta que te cansas y compras o te cansas y te vas, ignorando su insistencia.

Una de las entradas al Zoco desde la Plaza

Una de las entradas al Zoco desde la Plaza


Algunos comerciantes te dan buenos precios desde un principio, como un vendedor de maravillosas telas con turbante en la cabeza que además nos invitó a su casa para el festín de Ramadán y le ofreció a mi amigo 1500 camellos por mí o por mi hermana, cualquiera que estuviera disponible. Lo estuvimos considerando, aunque acertadamente Julián indicó que darme de comer a mí sería más caro que mantener a los camellos, así que el otro desistió.

Nuestro amigo posó conmigo para una graciosa foto (ver más abajo).

Nuestro amigo de las telas en graciosa pose.

Nuestro amigo de las telas en graciosa pose.

Casi todo se puede comprar a la mitad, a veces hasta a un tercio de lo que te piden originalmente. La cosa es así, uno pregunta cuanto cuesta algo. El comerciante te da una cifra, por lo general inflada y excesiva, porque te ve cara de extranjero o porque le da la gana. Tú le ofreces una tercera parte. El te contesta que no, que qué horror y te dice que es artesanía de la buena, que es calidad, etc, aunque esto siempre te lo dicen, con mayor o menor honestidad.
Uno procede a pararse en el precio y repetir que lo quieres a una tercera parte, o si te parece justo, le subes un poquito. Si te dice que no, dices ok, y pones cara de tú te lo pierdes, te das las vuelta para irte.
Aquí pueden pasar dos cosas. O el tipo no tiene ganas de jugar y te dice que te vayas con tu oferta a otra parte o se va detrás tuyo y te ofrece otro precio, o simplemente acepta el que le ofreciste.
Yo ví a Julián pasarse al menos hora y media en una tienda a la que compró varias lámparas, espejos y otros adornos para su casa y lograr todo por una cuarta parte de lo que le pidieron originalmente. Esta es algo de lo que compró

Hermosas lámparas en el Zoco

Hermosas lámparas en el Zoco

Pero hay que ser persistente y tener paciencia. Paciencia no es mi fuerte, pero aprendí un poquito y saqué algunas gangas.
En realidad, es divertido saber que uno puede bajarle el precio a las cosas y aún así, estás pagando algo más que justo para los costos de producción de la hermosa mercancía que produce Marruecos.
(Más sobre los productos en la próxima entrada, dentro de un par de días)

IMG_0160

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Responses

  1. chévere


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