Posted by: pilarin28 | October 26, 2009

Essaouira: blanza y azul contra el Atlántico

Barcas en el puerto

Barcas en el puerto

Se llama Essaouira: Esauira en español, antiguamente Mogadur, la eterna perla del Atlántico, la Bella durmiente y para la UNESCO, Patrimonio de la Humanidad, una ciudad perdida en el tiempo en la puerta del Mediterráneo.

Esta ciudad blanca y azul está en la costa occidental del Atlántico en Marruecos, en la región de Marrakech-Tensift-El Haouz. Soplan vientos fuertes todo el año y se celebra un festival de música anual mejor conocido como el “Woodstock de Marruecos”. Se dice que Bob Marley y Jimmy Hendrix pasaron largas temporadas por aquí.

Ubicación del puerto Essaouira

Ubicación del puerto Essaouira

El puerto de Essaouira, antaño gran centro de comercio y refugio de piratas, es rústico como buen puerto antiguo. Parece que el color oficial de las barcas es el azul, igual que el de los adornos contra el blanco puro de las casas y el azul del Atlántico africano.

Detalles del puerto

Detalles del puerto

Essaouira

Essaouira

Posted by: pilarin28 | October 25, 2009

Lo que fue un Harem: Palacio Bahía-Marrakesh

Uno de los patios de Palace Bahia

Uno de los patios de Palace Bahia


El palacio Bahía fue construído para servir de Harem dentro de la Kasbah de Marrakesh entre 1894 y 1900 por Ahmed Ibn Moussa, el hijo del gran visir Muhammad IV. Fue diseñado por el arquitecto Muhammad al Mekki y está rodeado de extensos jardines. Su impresionante y desordenado plano incluye una mezquita y varios patios rodeados por fastuosos salones para recepciones públicas y habitaciones privadas.

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Está decorado de estuco y madera tallada y pintada, así como de baldosas acristaladas. Estos elementos conectan el palacio a los temas y técnicas adaptados de la arquitectura palaciega española y Marroquí.

Un alucinante techo

Un alucinante techo


El palacio está completamente vacío y abierto al turismo por la módica suma de 10 Dirhams (menos de 1 euro, quizá 1,50 dólares?)…si uno ignora los camiones de turistas e imagina lo que fue hace un siglo, puede sentirse que está en un cuento de las Mil y una Noches…

El ex Harem estaba a pocas cuadras de nuestro Rihad. Los Rihad son antiguos palacetes que ahora están habilitados para albergar a turistas. Son el equivalente del “bed and breakfast” americano y los hay por docenas en esta ciudad. El que encontramos, Rihad Marelia, era poco visitado, muy tranquilo, con un patio central de color blanco y azul, lleno de plantas, una fuente y mucho sol, donde nos servían cada mañana el desayuno. Yo imaginaba cómo hubiera sido vivir en aquel palacio de muchos patios soleados y muchas habitaciones hermosamente decoradas. Pero no sé si me hubiera hecho gracia ser parte de un Harem, aunque seguramente en aquella época, hubiera preferido nacer hombre.

Una de las ornamentadas puertas

Una de las ornamentadas puertas


Uno de los soleados patios

Uno de los soleados patios

Posted by: pilarin28 | October 24, 2009

En Marrakesh no hay columpios y otras cositas curiosas

Uno va curioso y pendiente de todo. Y lo nota todo porque es tan diferente. Por ejemplo, que por mucho que caminamos en Marrakesh, no vimos ningún parque infantil. No hay. No hay columpios, no hay ruedas, no hay toboganes.
Eso no quiere decir que los niños no se columpien. Un parquecito cerca del Rihad (palacete) donde nos hospedamos tenía los árboles y las estructuras de hierro que pretendían ser adorno llenas de restos de mecate o cuerda, donde aparentemente los niños y sus papás, improvisan columpios para que los niños puedan gozar de algo que si no, no existe.
Aquí podemos ver a una niñita columpiándose en un columpio hecho de cartón (el asiento) y mecate atado a un árbol. Marruecos es un país pobre que por lo visto no puede darse el lujo de hacerle columpios a los niños, pero tengo entendido que su rey se mantó a traer aviones privados llenos de caviar y otras delicadezas de París para celebrar su cumpleaños no hace mucho. Viva la realeza!

Marrakesh también es una ciudad de gatos. Los hay por todas partes.

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También vimos cigueñas con sus grandes nidos en los techos de las casas color tierra rosada (todas las casas son de este color en Marrakesh). Una tarde nos tocó observarla desde el techo del hotel, armados con un servicio de té de menta y dos cajas de dulces. Al caer la noche, circuló una brisa fresca…

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Posted by: pilarin28 | October 15, 2009

Música en la Plaza Djemaa EL-Fna – Marrakesh

Posted by: pilarin28 | October 11, 2009

Las delicias del regateo

Una callecita, de las muchas que hay en el Zoco

Una callecita, de las muchas que hay en el Zoco

Regatear es una inesperada maravilla en la que mis primeros pasitos durante mi breve estancia en Marruecos. Aquí en los Estados Unidos nada o casi nada es negociable. Uno va a comprar algo, te dan un precio, lo pagas y te vas. El crédito lo hace todo más caro aún. Pero allá, si no regateas, es decir, si no negocias u ofreces un precio más bajo del que te dicen por cualquier producto, el comerciante se escandaliza, virtualmente te obliga a regatear, o lo hace él y no te deja ir hasta que te llevas el producto o simplemente te das la vuelta y caminas calle abajo, ignorando sus llamados de “último precio, por favor, cuál es su último precio…”.
El proceso de regatear es algo así como este gracioso video que encontré en internet

Mucha gente expresa sentirse incómoda en su viaje a Marruecos por el acoso de los vendedores en los zocos o mercados. En realidad, si uno se relaja y entra en onda, es sumamente divertido. Me molestaron más las motocicletas que van a toda velocidad por callecitas tan estrellas que apenas caben un par de peatones y que tocan incesantemente la corneta, que la insistencia de los vendedores.
En realidad, bien mirado, el tema de la compra y el regateo es como un pequeño drama que se repite cada vez que uno asoma la nariz o siquiera echa una ojeada – o también, a veces, cuando uno ni siquiera voltea a mirar y trata de escapar- a cualquier tiendita del enorme mercado que es la medina de Marrakesh.

Así es el ambiente en el zoco, día o noche.

Gracias a mi amigo Julián, que es un hábil hombre de negocios y maestro en esto del regateo, aprendí que hay actitudes imprescindibles para esto: no se puede tener o mostrar verguenza alguna a la hora de negociar y no hay que dejarse manipular emocionalmente por los comerciantes. Algunos te montan un pollo monumental, ponen mala cara, hacen como que se van a morir de hambre si aceptan lo que les ofreces, se enojan y sueltan alguna parrafada inextricable en árabe (aunque un comerciante nos contó que seguramente era porque fuimos en Ramadán y todos tenían hambre y ganas de fumar durante el día) y algunos lo toman con buen humor y simplemente siguen tratando hasta que te cansas y compras o te cansas y te vas, ignorando su insistencia.

Una de las entradas al Zoco desde la Plaza

Una de las entradas al Zoco desde la Plaza


Algunos comerciantes te dan buenos precios desde un principio, como un vendedor de maravillosas telas con turbante en la cabeza que además nos invitó a su casa para el festín de Ramadán y le ofreció a mi amigo 1500 camellos por mí o por mi hermana, cualquiera que estuviera disponible. Lo estuvimos considerando, aunque acertadamente Julián indicó que darme de comer a mí sería más caro que mantener a los camellos, así que el otro desistió.

Nuestro amigo posó conmigo para una graciosa foto (ver más abajo).

Nuestro amigo de las telas en graciosa pose.

Nuestro amigo de las telas en graciosa pose.

Casi todo se puede comprar a la mitad, a veces hasta a un tercio de lo que te piden originalmente. La cosa es así, uno pregunta cuanto cuesta algo. El comerciante te da una cifra, por lo general inflada y excesiva, porque te ve cara de extranjero o porque le da la gana. Tú le ofreces una tercera parte. El te contesta que no, que qué horror y te dice que es artesanía de la buena, que es calidad, etc, aunque esto siempre te lo dicen, con mayor o menor honestidad.
Uno procede a pararse en el precio y repetir que lo quieres a una tercera parte, o si te parece justo, le subes un poquito. Si te dice que no, dices ok, y pones cara de tú te lo pierdes, te das las vuelta para irte.
Aquí pueden pasar dos cosas. O el tipo no tiene ganas de jugar y te dice que te vayas con tu oferta a otra parte o se va detrás tuyo y te ofrece otro precio, o simplemente acepta el que le ofreciste.
Yo ví a Julián pasarse al menos hora y media en una tienda a la que compró varias lámparas, espejos y otros adornos para su casa y lograr todo por una cuarta parte de lo que le pidieron originalmente. Esta es algo de lo que compró

Hermosas lámparas en el Zoco

Hermosas lámparas en el Zoco

Pero hay que ser persistente y tener paciencia. Paciencia no es mi fuerte, pero aprendí un poquito y saqué algunas gangas.
En realidad, es divertido saber que uno puede bajarle el precio a las cosas y aún así, estás pagando algo más que justo para los costos de producción de la hermosa mercancía que produce Marruecos.
(Más sobre los productos en la próxima entrada, dentro de un par de días)

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Posted by: pilarin28 | October 7, 2009

Tajines, higos y especias: comer en Marruecos

No sorprenderá que diga que los sabores son intensos, llenos de especias y contrastes entre lo dulce y lo salado, pero la oferta culinaria en Marrakesh no parecía muy variada. El menu en la mayoría de los restaurantes consistía principalmente de una variedad de Cous Cous preparado con diferentes carnes o vegetariano, que a menudo no es realmente vegetariano sino que sólo le removieron los pedazos de carne y fue preparado con el jugo de la misma.

La oferta también incluye una variedad del plato típico de Marruecos: Tajine, que es un estofado preparado dentro de una vasija de barro con forma de Tepee ( o tienda de campaña de los indios americanos, es la mejor comparación que se me ocurre).

Un ejemplo de Tajine

Un ejemplo de Tajine

El Tajine, entonces, es tanto la vasija en la que se cocina la comida, una mezcla de alguna carne, con vegetales y especias, a la que a veces añaden frutos como el higo, las pasas, las avellanas, los duraznos secos, dándole variedad al plato.

Frutos secos a la venta en la plaza

Frutos secos a la venta en la plaza

Mi Tajine favorito fue uno de cordero con higos que comí en uno de los restaurantes que bordean la enorme plaza del centro de Marrakesh Djemaa el Fna, todos los cuales parecen bastante adecuados y limpios y en este caso, fue delicioso.

Delicioso Tajine de cordero con higos

Delicioso Tajine de cordero con higos

La primera noche comimos en la plaza. Bueno, comí yo porque mi compañero, que es vegetariano estricto, no estaba muy contento con los olores de las fritangas, la vaga suciedad de los puestos y los carritos en los que servían hígado asado y caracoles al vapor. Allí comí un Tajine de pollo bastante decente con una ensalada de tomate, pimiento rallado y cebolla aderezada en forma totalmente diferente a la que conocemos en otras partes del mundo: con poco o ningún aceite y muchas especias, incluyendo el comino.

Los carritos de comida en la plaza

Los carritos de comida en la plaza

Otra delicia destacable del mundo marroquí son los dulces y el té de menta que te ofrecen donde quiera que vas en esos delicados vasitos adornados con arabescos de colores. Estos postres merecen un capítulo aparte, y yo que no soy dulcera, regresaría a Marruecos sólo para buscar uno de chocolate con cáscara de naranja confitada que me cautivó el corazón (bueno, los sentidos) y probar de nuevo esos sabores de sésamo, miel, agua de rosas, avellana, chocolate, higos y otras muchas variedades de dulces que pueden encontrarse en venta por peso en cualquiera de las muchas pastelerías de la ciudad.

El primer día, recién aterrizados, Julián y yo comimos en un restaurante de la zona “nueva” de Marrakesh (que parecía una calle derruida de una ciudad latinoamericana no muy moderna pero es una zona supuestamente de lo mejor de la ciudad) y luego entramos a una pastelería donde nos compramos una caja rebosante de dulces de todos esos sabores mencionados y más. En una larga caminata hasta la Medina, fuimos saqueando la caja y tomando buches de agua de una botella que llevábamos con nosotros. Compramos varias cajas de dulces después de eso, pero los del primer día serían recordados como los mejores del viaje, los más finos y delicadamente hechos, e inmortalizados por mi cámara curiosa.

ah... si estuviera allí

ah... si estuviera allí

La mejor forma de comer estos dulces es acompañándolos de té de menta, siempre disponible donde quiera que uno vaya en Marruecos. A mí me gusta muy dulce, a otros, menos.

Posted by: pilarin28 | October 4, 2009

Marruecos y el pasaporte USA

En el avión, camino a Marrakesh

En el avión, camino a Marrakesh

Un vuelo de Easy Jet de menos de dos horas nos lleva de Madrid a Marrakesh. Tras cruzar el sur de España, camino a Africa, sobrevolamos el estrecho de Gibraltar y el espacio en el que se besan el Mediterráneo y el Océano Atlántico. Allí en esas aguas que desde muy arriba lucen tan apacibles mueren tantos africanos que se lanzan al agua en precarias embarcaciones conocidas como pateras, repitiendo sin saberlo la milenaria historia del inmigrante que arriesga su vida por un sueño. Un sueño que simplemente es el de comer y vivir.

Entre Europa y Africa

Entre Europa y Africa

El vuelo es apacible y pronto aterrizamos. Al llegar nos recibe una terminal limpia, algo anticuada y con paredes de loza blanca, aunque tiene algunos adornos arabescos que nos recuerdan que no estamos en un aeropuerto pequeño de América Latina, aunque se le parece mucho. Allí encuentro que mi pasaporte de los Estados Unidos me hace sospechosa de algo, porque me separan del resto de la fila, a la que permiten seguir adelante y a mí me mandan con un sacudir de dedo hacia un lugar misterioso a la derecha que nadie me explica qué ni donde es.

Llegada al aeropuerto de Marrakesh

Llegada al aeropuerto de Marrakesh

Cómo no hablo francés, ni árabe, me callo la boca y busco. Veo una ventanilla y me acerco y un hombre pequeñito y uniformado me dice no se qué. Le entrego el pasaporte y se lo lleva a una oficina misteriosa de la que sale minutos después indicando que todo está bien, porque me hace otra señal de dedo para que me regrese a la fila de inmigración. Creo que cuando lo abrió y vió que nací en Venezuela, se sintió desilusionado de no estar en presencia de una yanqui a la que darle el coñazo, como dirían mis amigos españoles.

Supongo que esto es señal de que es raro ver a gente con pasaporte estadounidense en Marruecos y que, en este lado del mundo, aunque los gobiernos sean “amigos” de USA, siempre hay que darle una puntadita por algún lado al gigante de América.

Si yo hubiera sido él, le hubiera prohibido la entrada a una gringa a la que mi amigo Julián y yo escuchamos gritar en un restaurante de la Plaza de Marrakesh (y era la voz que más se escuchaba en ese restaurante, por Dios, en una plaza donde hay miles de personas gritando cada noche).. “EXCUSE ME, PORRR FAVOOORR…”, a un camarero marroquí, seguramente confundido de que la doña le hablara en español en vez de francés o inglés.

Julián y yo estuvimos riéndonos por días con la idea de que esta amiga americana olvidó que no estaba en Tijuana o Cancún y que el muchacho moreno que le servía su hamburguesa (seguro que pidió eso) no era un mexicano.

Después dicen que los latinos damos la nota.

Posted by: pilarin28 | October 1, 2009

McDonalds y Starbucks: ¿qué diablos hacen en Madrid?

Lo viejo y lo nuevo de Madrid

Lo viejo y lo nuevo de Madrid

Francamente no puedo imaginar quien necesita comerse un McDonalds en Madrid. Ni en ninguna parte. Pero mucho menos en Madrid. Pero McDonalds, como Starbucks y otras marcas estadounidenses están presentes en la ciudad como un invitado que está un poco fuera de lugar, que quiere a juro estar allí para ver qué gana con ello, como todo capital, pero que no pega para nada con lo que lo rodea.

Starbucks, el invitado de piedra en Madrid

Starbucks, el invitado de piedra en Madrid

En Madrid, como en el resto de España, se come bien casi en cualquier parte. No hay que ir a un restaurante de moda ni mucho menos a una cadena de fama internacional (menos que menos), porque en las miles de cafeterías, bares y tabernas, así como restaurantes de todo tipo y color, siempre hay algo buenísimo que llevarse a la boca.
Lo mismo con el café. Entiendo que en Estados Unidos, donde el café típico americano es lo mismo que agua de media sucia, uno recibiera con los brazos abiertos la cultura del Starbucks, ahora llevada hasta el extremo de tener casi uno en cada esquina. Y eso sin contar las otras cadenas que existen. Pero…¿en Madrid? ¿Para qué? Toda cafetería por pichirrienta que sea tiene su maquinota de expresso y en cualquier esquina uno se toma un buen cortado o un café con leche (me he cansado de explicarle a los adolescentes de Starbucks lo que es un cortado, no es un expresso con espuma de leche sino un expresso con un toque de leche batida y un poco de espuma).

Además, tomarse un cafecito con leche no es tomarse un balde de café, sino una tacita. Aquí, el más pequeño se llama TALL y el mediano GRANDE. Qué manía con los tamaños. Como si para que algo fuera bueno, tuviera que ser grande.

Posted by: pilarin28 | September 30, 2009

EL SOL DE MADRID Y LOS BOCATAS DE CALAMAR

Dicen que el cielo de Madrid tiene una característica especial: su luminosidad. Mis primeros días de vacaciones transcurrieron bajo esos colores, descubriendo de nuevo los rincones y rinconcitos de una ciudad que se ha abierto al mundo tanto como un Nueva York o un Los Angeles. Si hay un sitio que da la bienvenida al turista, al extranjero, al inmigrante, es Madrid. La gente es abierta, su forma de expresarse directa, a veces brusca. Nada como un buen rebufe de un camarero de Madrid, siempre malhumorado cuando te toma la orden, te sirve el bocata de calamares (sandwich de calamar frito, una delicia que tira cualquier dieta por la ventana) e incluso cuando recibe alguna propina: todo les pone de mala leche.

Y aún así, Madrid es mágico y se disfruta, se vive. Nunca para, nunca duerme, como sus habitantes que cada noche llenan sus miles de barras y restaurantes. Caminé por Madrid hasta que me dolieron las piernas, cosa que ocurre tras las primeras horas a una residente de Los Angeles acostumbrada a estar tras el volante, pero seguí caminando porque en Madrid, nadie para. Nunca.

Cielo y Sol de Madrid

Cielo y Sol de Madrid

Sólo me hizo parar un buen bocadillo de calamares, algo que alguna vez pensé sería un engendro del demonio (¿un empanizado dentro de pan? ¿qué locura es esa?), hasta que lo probé en el sitio más famoso de Madrid donde una foto tamaño gigante de la deliciosa comida te hace sentir que estás en el Hollywood del calamar. Nunca había estado tan equivocada, es una maravilla. O es Madrid, que abre el apetito.

El bocadillote

El bocadillote

El sitio es El Brillante, frente al museo Reina Sofía y la estación de Atocha. Un sitio emblemático de la fritanga madrileña, por lo que descubrí.

Y aquí está el bocata de calamar, junto con otro de jamón ibérico que compartí con mi amigo Mario Lucatero después de visitar el Museo Reina Sofía y deslumbrarme con el Guernica de Picasso. Después de tanto arte y solemnidad, hay que tomarse unas cuantas cervezas.

Uf, si los agarro ahora!

Uf, si los agarro ahora!

Y el susodicho amigucho Mario, excelente fotógrafo y mejor amigo, a quien conocí el año pasado en Playa del Carmen, México y la vida llevó a vivir en España junto con su novia Conchi. Un gran tipo.

una foto de Mario sacando fotos

una foto de Mario sacando fotos

En su casa pasé los primeros tres días de mis vacaciones, disfrutando su extraordinaria habilidad como cocinero: tortilla española, paella de camarones a la cerveza, sopa de mariscos, navajas a la plancha.

la sopa de mariscos ya viene...

la sopa de mariscos ya viene...

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